Festival de Navidad

Me gustaría compartir con vosotros una reflexión que hice a raíz del festival de Navidad de mi peque. Únicamente con el objetivo de plasmar algo que me pareció muy bonito (hilo)

‏Tener un hijo autista es una putada, para qué nos vamos a engañar. El día a día es complicado, vives situaciones muy difíciles y te enfrentas a retos que no sabes si podrás superar

Pero también supone gozar de experiencias enriquecedoras y participar en proyectos únicos

Esta semana mi niño ha tenido dos fiestas de final de curso: la primera con el aula de integración (niños normales); la segunda con el Aula de niños TEA

En la primera fiesta lloré como una magdalena, era la primera vez que lo veía formar parte de una coreografía, había una niña pendiente de que llevara el ritmo y mantuvo el tipo casi hasta el final 👏

Los padres de niños normales no saben qué es eso, tengo otra niña normal. El padre de niño normal da por hecho que deben cantar, deben atender a las instrucciones de la profesora y seguir su papel

Pero los padres de niños no normales sabemos que eso no siempre es así, que hay niños a los que la multitud les abruma o asusta

Hay niños que se bloquean si cambia su entorno o los planes diarios, que les aterra barajar la posibilidad de ponerse unos guantes

Para algunos niños eso es un logro, y cuando lo consiguen sus padres lloran. Lloran de emoción, de gratitud, de orgullo y de admiración.

Lloran porque son felices al ver a sus hijos superar sus barreras, muros que para algunos no son ni visibles hasta el momento que lo han saltado

En la fiesta de hoy ni peque estaba con otros niños no normales, aquí todos los padres íbamos ilusionados, con nuestro cleenex a punto y preparados para cualquier cosa que pudiera ocurrir (o no ocurrir)

‏He vivido un momento mágico y único. Diez niños con dificultades, algunos con más barreras que otros, en algunos visibles, en otros solo ligeramente perceptibles

Niños haciendo unos esfuerzos tremendos para luchar contra la vergüenza, la inseguridad, el agobio de verse observado, el temor de enfrentarse a algo nuevo e ignoto y el miedo a la frustración

Estos maravillosos niños han representado una obra sobre los sentimientos, se han ayudado unos a otros, se han apoyado cuando alguno no sabía qué hacer o qué decir y han actuado ante un público ávido de sus cuitas

Han cantado villancicos (incluso en inglés) y hasta han sido capaces de enfrentarse a un gorro de Papa Noel con su correspondiente barba

Nuestros hijos nos han enseñado que ser diferente realmente no es tan distinto. Que un paquete de pañuelos nunca son suficientes. Y que puedes tomarte las uvas (o lacasitos) cuando te salga de las narices

Y yo simplemente quería enseñaros que ser madre de un niño autista tiene momentos muy tiernos y adorables.

Felices fiestas 😘

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