Experiencias en el parque

Me gustaría compartir una reflexión con vosotros, a raíz de lo experimentado en el parque con mi peque hace un tiempo. Abro hilo.

¿A partir de qué momento a los adultos se nos debilita la empatía o la comprensión de la que gozan los niños?

Expongo dos momentos en los que creo que los niños les dieron una lección a sus padres

1º Vamos a entrar en el parque, pero mi peque sale corriendo y entra antes que yo, va directo al columpio y desahucia a una niña que estaba feliz balanceándose

La niña se retira ante el énfasis puesto por el pequeño expropiador pero su padre le dice que se baje cuando lo tenga a bien, sin que pueda venir nadie a echarla, y la vuelve a colocar

Paralelamente salto la valla al ver el conflicto, voy a por mi peque y procedo a otro desalojo para que la niña recupere la posesión y le explico que hay que respetar los turnos o bien pedir por favor que se baje

No obstante, el expropiador expropiado entra en crisis y empieza a gritar, a revolverse y a decir que quiere subir mientras exclama angustiado «hay que esperar, hay que esperar»

La niña ve el percal, se baja y le dice que puede subir, acción que a su padre no le hace ni pizca de gracia y que yo se lo agradezco efusivamente. Vuelve la felicidad

2º Una media hora después de lo anterior mi peque ve a una niña que juega feliz con un chisme que vuela sobre su cabeza mientras zarandea unos palos con una cuerda

Mi hijo está entusiasmado, le encanta verlo girar y volar, pero llega un momento en el que él quiere ser el protagonista de semejante hazaña, y acude presto a intentar quitárselo, que es quien lo tenía en ese momento

El padre se lo retira mientras le dice «no, esto es mío». Yo acudo y le digo que las cosas deben pedirse, no quitarse, y respetar que no se lo quieran dejar

La niña se acerca, le coge el bártulo a su padre y vuelve a jugar con él, mi peque la mira embelesado mientras le dice «me lo pides, me lo pides».

La niña se lo deja, le enseña a jugar, le muestra cómo se hace, se lo vuelve a dar, contempla paciente los intentos baldíos de su improvisado alumno por hacer que aquello vuele, se lo vuelve a enseñar… así hasta que entra en crisis por la impotencia de no lograrlo

Conclusiones que saqué: me da la sensación de que los niños tienen más comprensión y menos prejuicios que los adultos hacia comportamientos socialmente no deseados Lo anterior me lleva a cuestionarme en qué momento se nos cambia el chip, ¿cuándo empezamos a ser unos auténticos imbéciles (ojocuidao que hablo en primera persona) y dejar de escuchar nuestro instinto?

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